La permanencia de la cal: lecciones del Mediterráneo interior.
Frente a la dictadura contemporánea del ligante sintético y los barnices poliméricos que impermeabilizan sofocando el sustrato, el mortero de cal aérea grasa recupera la soberanía del tiempo geológico. La cal no envejece degradándose; se mineraliza gradualmente absorbiendo el dióxido de carbono atmosférico en un ciclo infinito de retorno al estado de piedra caliza original.
En las serranías secas de Andalucía y el Alentejo, las construcciones encaladas respiran con la humedad del alba, regulando térmicamente la penumbra interior mediante una porosidad microscópica viva. Entender este ciclo es asumir que la piel de la arquitectura debe ser higroscópica, sacrificial y capaz de curar sus propias fisuras con el paso de las estaciones.
